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viernes, 19 de diciembre de 2014

UN CAMINO RECORRIDO POR VICENTE HERNANDIZ



Nunca llegué a imaginarme que cuatro años después de que pusiera la última palabra en “Cuando las estrellas nos llamen” más de un millar de personas la habrían adquirido y mucho menos tener publicada su conclusión: “En el brazo de Orión”

Mi satisfacción no sólo es debida al hecho de que se haya vendido en muchísimos rincones de la península y las islas, sino a la certeza —muchas personas así me lo han manifestado— de que han logrado apreciar con agrado cuanto han leído, algunos con mayor énfasis que otros pero en un 90 % saboreando cuanto leían.

Desde que se publicó por primera vez “Cuando las estrellas nos llamen” he recorrido un largo camino de aprendizaje. Baches innumerables han ido zarandeando el día a día de la novela. Una de las primeras sorpresas que me llevé fue que el primer editor me lanzó la novela tal y como se la mandé: un borrador. Cuando me percaté del hecho —amigos me lo hicieron notar— un tremendo desasosiego bañó todo mi cuerpo, ya que si no pensaba revisarla yo lo hubiera hecho por mi cuenta. Pese a este contra pie muchos fueron los que alabaron lo que la novela contenía: su historia, las aventuras y el carisma que los personajes desprendían. ¿Dónde hubiera llegado si se hubiera cuidado algo más su edición? ¿Qué hubiera ocurrido si desde la editorial se hubiera impulsado aunque hubiese sido poco? Son cuestiones que ahora ya no tienen sentido ni son relevantes, el tiempo las ha desvanecido.

martes, 16 de diciembre de 2014

Nostalgia ochentera: Jóvenes ocultos (The Lost Boys) por Jorge Zarco Rodríguez



Nostalgia ochentera: Jóvenes ocultos (The Lost Boys)
Jorge Zarco Rodríguez

Para Corey Haim, que no nació para envejecer.

La nostalgia es uno de los males más benignos (o malignos) que existen. Lo deformamos todo en nuestra memoria y hasta solemos pensar en el error de que todo fue más maravilloso de lo que realmente fue. Los que sentimos debilidad por ciertos temas según la época en la que vivimos, sobretodo cuando fuimos muy jóvenes. Todo lo deformamos: - Yo estuve ahí, yo vi aquello, yo hice eso, etc… 

Podría decirse que me bebí los ochenta. 

Empecé la década siendo apenas un niño y la terminé comenzando mi adolescencia. En (a finales de) 1987 me fui al cine con dos colegas (mis únicos amigos de aquel entonces) a ver un título que a mis trece años mis padres me hubieran vetado de inmediato: Jóvenes ocultos. Me compré una cartelera y aquello prometía mucho para un niñato de aquel entonces con las hormonas revueltas; vampiros, look rockero deudor de grupos Heavy Metal de lo que por aquel entonces se llamó maliciosamente como “estética de peluquería” de pelos largos a lo grupetes como Twisted Sister, Bon Jovi o W.A.S.P. y el hijo de un actor famoso (Kiefer Sutherland) al frente del reparto. Joder, aquello me llamó la atención y nos fuimos sin dudarlo al cine aquel sábado en una sala de proyección que hace años que ya no existe.