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viernes, 19 de diciembre de 2014

UN CAMINO RECORRIDO POR VICENTE HERNANDIZ



Nunca llegué a imaginarme que cuatro años después de que pusiera la última palabra en “Cuando las estrellas nos llamen” más de un millar de personas la habrían adquirido y mucho menos tener publicada su conclusión: “En el brazo de Orión”

Mi satisfacción no sólo es debida al hecho de que se haya vendido en muchísimos rincones de la península y las islas, sino a la certeza —muchas personas así me lo han manifestado— de que han logrado apreciar con agrado cuanto han leído, algunos con mayor énfasis que otros pero en un 90 % saboreando cuanto leían.

Desde que se publicó por primera vez “Cuando las estrellas nos llamen” he recorrido un largo camino de aprendizaje. Baches innumerables han ido zarandeando el día a día de la novela. Una de las primeras sorpresas que me llevé fue que el primer editor me lanzó la novela tal y como se la mandé: un borrador. Cuando me percaté del hecho —amigos me lo hicieron notar— un tremendo desasosiego bañó todo mi cuerpo, ya que si no pensaba revisarla yo lo hubiera hecho por mi cuenta. Pese a este contra pie muchos fueron los que alabaron lo que la novela contenía: su historia, las aventuras y el carisma que los personajes desprendían. ¿Dónde hubiera llegado si se hubiera cuidado algo más su edición? ¿Qué hubiera ocurrido si desde la editorial se hubiera impulsado aunque hubiese sido poco? Son cuestiones que ahora ya no tienen sentido ni son relevantes, el tiempo las ha desvanecido.

Tal y como prometí cuando comencé a presentar “Cuando las estrellas no llamen” al concluir el 2011 me puse a escribir “En el brazo de Orión”. Era una promesa y/o deuda que adquirí con los lectores y máxime al apreciar que quien leía “Cuando las estrellas nos llamen” quedaba satisfecho; o al menos una inmensa mayoría.

En estos momentos, navidad del 2014, cuatro años después de concluir la primera novela, y siete después de iniciarla, me he percatado de que logré crear un universo tan válido como otros muchos que albergan gran notoriedad y fama. Un universo que será capaz de atrapar a muchos más lectores, e incluso llegar más lejos de lo que en un principio pensé; quizá no lo vea pero sé en mi interior que puede ser posible.

Cuando me puse a escribir la saga “Cuando las estrellas nos llamen” ni existía este nombre ni mucho de lo que en las dos novelas se narra, pero en la actualidad hay en esos casi 800 folios de “Word” más de lo que jamás pensé que lograría plasmar entre líneas, párrafos, páginas y capítulos.

Si alguien me preguntara, hecho que ya ha ocurrido, de cual de las dos novelas me siento más satisfecho, en estos momentos no sabría responderle. En una ocasión que me la formularon respondía que de la primera, pero en estos momentos no sabría decir, pero de una cosa estoy seguro, cada una tiene elementos que complementan a la otra y situaciones que únicamente se dan en cada una. En “Cuando las estrellas nos llamen” se desarrolla un inicio que tiene como protagonista el descubrimiento de quién es cada uno de los personajes principales y “En el brazo de Orión” ese inicio trepidante que en la primera se empieza a saborear cuando los personajes están definidos. Pero no por ello no se hace más interesante una u otra, ya que de esa exhaustiva descripción de quien verá el lector moverse en la narración dependerá mucho de lo que en ambas novelas se narra.

Como conclusión quiero decir que si alguien en alguna ocasión ha logrado publicar algo y ha sido leído, no creo que llegue a estar tan satisfecho como yo lo estoy, incluso si ese alguien ha logrado ser un “top ventas”. Agradeciendo desde aquí a todos y cuantos han apostado por mí, es decir, un desconocido narrador de historias. Un fuerte saludo desde las estrellas. 

Vicente Hernándiz 19/12/14 

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