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jueves, 22 de agosto de 2013

LA FICCIÓN DE LA CIENCIA EN LA CIENCIA FICCIÓN


Desde que leo o, mejor decir, me gusta todo lo referente a la “Ciencia Ficción” –y remarco este apelativo–, he visto comentarios, cuando no criticas mordaces, sobre muchas de las licencias, o ficciones no científicas, que guionistas y narradores de este género vienen comúnmente utilizando.

Los inicios de la “Ciencia Ficción”, en los que remarcaré como precursores a Verne y Wells, estuvieron marcados, y desde entonces hasta la actualidad, por tratar de imaginar, recreándolo en los escritos, maravillosas y sofisticadas máquinas. Julio Verne imagina el viaje a la Luna, el submarino y otras muchas cosas que han sido posibles tecnológicamente. H. G. Wells con su máquina del tiempo y su guerra de los mundos, le dio una vuelta de tuerca y abrió aún más el abanico de esta forma narrativa. Había en todo ello una clara ficción, como no, al igual que en todo historia fruto de la imaginación de su autor; pero ahora haciendo referencia a extraños aparatos y viajes imposibles. Se estaba haciendo ficción sobre la ciencia.

Desde esos inicios hasta la actualidad, muchos han sido los autores que han hecho volar su imaginación proponiéndonos viajar por agujeros de gusano, a velocidad Warp, con motores de curvatura y un sinfín de sobrenombres que, siempre nos indicaban que en sus escritos se viajaba más rápido que la luz.

¿Es posible viajar a la velocidad de la luz? Si lo fuese nos encontraríamos con las leyes de la física. El viajar a la velocidad de la luz ralentiza el tiempo. Por lo tanto continuamos haciendo ficción sobre la ciencia.

Otra, entre muchas, de las licencias que vemos cotidianamente en este mundo, son las teletransportaciones por desmaterialización en origen y materialización en destino. Algo así como lo que hace un aparato de radio: recoge las ondas las convierte en impulsos eléctricos y en destino realiza la operación inversa. ¿Es esto también posible? Recientes estudios avalan que no.

En ocasiones, como he comentado al principio, he leído críticas a estos y otros muchos inventos futuristas o formas de desenvolverse que, en los casos del submarino y los viajes a la Luna de Verne, sí que se han hecho realidad. En ese momento la ficción dejó de serlo y paso a ser pura ciencia. Pero en realidad qué sería de cualquier narración si el autor no imaginara cuanto narra en su escrito. ¿Es menos valido imaginar un viajar en el tiempo que un amor imposible o que un detective pueda ser capaz de desentrañar cualquier enigma? Yo afirmo que no. 

Pero retornando a la ficción de la ciencia ¿Llegará un día en el que se halle otra forma de viajar que no sea utilizando la velocidad y el tiempo? Si no se halla o no existe, será imposible salir del sistema Solar. Y en el caso de no existir, nadie vendrá ni se ha dejado caer por nuestro rincón de la galaxia. Por ello si nos limitásemos ser fieles seguidores de lo que hoy es ciencia, mataríamos inexorablemente la ficción, del mismo modo que si no se imaginaran personajes de toda índole sólo podríamos leer biografías. Moby Dick no existiría y Dante jamás hubiera visitado el infierno. 

Yo con este comentario quiero hacer valer todas estas licencias escritas que posibilitan que podamos recrearnos leyendo capítulos o viendo películas en donde los protagonistas atacan naves en llamas más allá de Orión, presencian como rayos “C” brillan cerca de las puertas de Tannhäuser, colonizan planetas anillo, tienen el tiempo en sus manos, descubren con el espacio una nueva frontera, encuentran el origen de la inteligencia humana, se percatan que los recursos del planeta se acaban, impiden que otras civilizaciones nos conquisten o viajan por el espacio en el autoplaneta Valera. No podemos consentir que todo ello puede perderse en el tiempo como lágrimas en la lluvia.

Vicente Hernándiz 21/08/13

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