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sábado, 3 de septiembre de 2011

CHARLOTTE Y EMILY BRONTË, AUTORAS DE DOS INMORTALES NOVELAS

     Hablar de las hermanas Brontë, es tener que mencionar Jane Eyre y Cumbres Borrascosas, ya que la inmortalidad de ambas escritoras y sus relatos irán siempre aparejados, ya no solo por ser autores y las obras recreaciones de sus inquietudes, sino por la simbiosis que a lo largo del tiempo se ha ido creando entre ambos. Muchas grandes novelas son conocidas por ellas mismas, pero no todo el mundo, si se le pregunta, sabe dar en nombre de su escritor. En el caso de Cumbres Borrascosas y Jane Eyre, ocurre algo muy curioso, ambas novelas siempre van asociadas entre si y con sus escritoras. Claro esta que esto no es algo estricto, sino general, siempre habrá quien, claramente, identifique las obras por separado y con el nombre correcto de su autora.

Ambas novelas fueron publicadas en 1847 y en ellas hay un algo de cada una de sus autoras y de la vida que a su familia le toco administrar, ya que los contenidos son sombras de un fugaz relámpago de cuanto el devenir les facilitó. Los avatares y vicisitudes de sus vidas fueron marcando unos pasos que ineludiblemente se ven reflejados en los desenlaces complejos y dramáticos de cada una de ellas.
            Carlotte, en su novela, nos habla de la vida de una niña, Jane Eyre, quien a los 10 años comienza a saber y padecer cuanto de injusta y cruel puede ser una vida. En la disciplina de Lowood, institución a donde es enviada, aprende a interiorizar la condición humana del sacrificio, la lealtad y la dedicación. El frío, el hambre, las condiciones estrictas y de severidad que el colegio reparte, se ven contrapuestas con la fe, el estoicismo y la caridad de una amiga y a la amabilidad y ternura de la superintendente, ambientación esta y de oposición que irán curtiendo, poco a poco las férreas cualidades que la protagonista y nombre de la novela, van a ir esgrimiendo conforme avanza el relato.
            En Cumbres Borrascosas  Emily Brontë, nos narra una historia todavía más tortuosa si cabe, en donde los amores y desprecios alcanzan los límites más insospechados. Nadie queda libre ni indemne de algo o parte de ese desazón que va corroyendo el cuerpo, cuando la vida solo se enfoca para hacer daño a otros, fruto de la venganza propiciada por un odio desmesurado que frecuentemente es generado por no saber enfocar o dirigir nuestra vida hacia lo que puede ser de provecho para cada uno, dejando a un lado las amarguras de lo que no hemos podido alcanzar, no por valer menos sino por que las metas que noblemente nos proponemos no siempre son alcanzables o estáticas para que podamos llegar a ellas, focalizando en terceros nuestros fracasos, todo ello menos proponer otras metas que nos faciliten poder llegar, y con ello obtener esa recompensa que nos generará siempre una satisfacción de utilidad y logro.
    Ambas escritoras murieron jóvenes. La vida de toda la familia sufrió una aparente persecución o sino, el de la muerte, comenzando por su madre en 1824, un año después Maria y Elizabeth, en 1848 Emily (30 años) y Branwell (31 años), Anne en el 49 (29 años), en el 55 Carlotte (39)
         En la actualidad estas dos obras son clásicos de la literatura, y sus autoras inmortalizadas por medio de sus propias manos, quienes con la habilidad del intelecto fueron capaces de ir dirigiendo esas plumas que con tanga energía crearon sendas novelas, que como legado para la posteridad, han quedado para el deleite y satisfacción del ser humano y el devenir de los tiempos.
           
Vicente Hernándiz, autor de “Cuando las estrellas nos llamen” sígueme en:

www.twitter.com/@VHernandiz

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