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viernes, 26 de agosto de 2011

MICRORRELATO - MI INFANCIA EN AQUELLA CALLE


Aquel año la primavera llegó, de forma callada, empujando con gran fuerza los rigores invernales. Lo recuerdo bien porque fue el año que nevó, cosa rara en esta parte del país. Hace ya de eso casi cincuenta años. Más de media vida.
 La primavera, por aquel tiempo, dada mi corta edad, tenía una especial relevancia, el buen tiempo permitiría que las calles, de tierra sin asfaltar, fueran secándose poco a poco. Durante el invierno, parte del otoño y al principio de la primavera, habían estado encharcadas y con grandes cantidades de barro; barro debido al paso de algún que otro camión que se acercaba al taller de aquel vecino que reparaba ruedas.

Al secarse nos permitiría disfrutar de la totalidad de su anchura; jugaríamos al balón, pero eso sí, cambiando constantemente de lugar, a todos les molestaba que un grupo de niños alborotara frente a sus casas.
La calle estaba formada por un conjunto de viviendas bajas y tan solo tres o cuatro alcanzaban a tener una o más alturas, sus moradores, nuestros vecinos, e incluso nosotros, disfrutábamos de la tranquilidad y forma de vida de los pueblos; en verano se cenaba en la calle, se jugaba al "truk" y cuando aparecieron las primeras televisiones hicimos corros en los portales de quien la tenía y la sacaba a su puerta.
Recuerdo todo esto con un tremenda nostalgia; a mis padres, mis abuelos y porque no incluso hasta los vecinos más antipáticos. Yo me sentía importante, ideaba mis propios juegos y formaba, junto con los otros niños, entrañables grupos que derrochaban vitalidad y furia jugando y divirtiéndose; hasta el estar solo en el “corral” me alentaba e inspiraba mil y una forma de disfrutar de mi ocio infantil, ­¡aaaah! ­¡Que maravilloso era! ¡­Cómo lo lloro en mis sueños! ¡­Cómo echa de menos mi memoria esa niñez! ¡­Cómo me reprocho el ansía que tenía entonces de ser mayor! ¿Por qué me hice adulto? ¿Por qué ha muerto mi infancia? ¿Quién la mató? Me miro al espejo y le digo al cristal -Culpable. Soy yo quien la ha matado; ya no volverá, soy el artífice de su destruido, la ha enterrado en el olvido y ya casi ni mi memoria es capaz de retornarla. No se como jugar, como divertirme, como llorar, como reír e incluso como sentirme feliz. He perdido el valor de la inocencia y de la compasión, mi corazón se ha tornado demasiado duro y pocas, o ninguna, palabra es capaz de convencer mi razón.
En todo ello he dispuesto del más terrible de los aliados, el tiempo que ha ido alejando y cubriendo de polvo la tumba donde enterré mi fantasía y con ella mi infancia. Ya no volverá.   

Por VH.Olzep - Vicente Hernándiz autor de “Cuando las estrellas nos llamen” Sígueme en:


2 comentarios:

  1. Vicente:
    Me enviaste un mensaje en FB para que visitara tu web y conociera tu obra. ¡Lo bien que hiciste! Tenés un talento innegable. Te sigo desde ahora.
    Deseo lo mejor en la presentación de tu libro.
    ¡Enhorabuena por ello!
    Un abrazo desde Ciudad de Buenos Aires

    PD: te invito a conocer mis blogs.

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  2. No todo lo bueno escrito tiene que ser largo. Me ha gustado ^^

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